1) ¿Por qué es necesario tratar más detalladamente las
primeras etapas de la vida del embrión humano?
En el primer capítulo de nuestra
obra anterior Vale la pena vivir,
abordamos el tema de la maravilla de la vida humana en el seno materno. Sin
embargo, no tratamos lo suficientemente el comienzo de la vida del ser humano y
su desarrollo en las primeras etapas de su existencia, es decir, desde su
concepción hasta su implantación en el útero de su madre.
En este libro, queremos tratar
este tema en más detalle. La razón de ello, como veremos en los siguientes
capítulos, es que, desde hace algunos años, los ataques contra la vida humana
en sus primeras etapas de existencia se han incrementado como nunca antes,
particularmente en el mundo hispano. Incluso, el movimiento antivida pretende
re-definir el comienzo del embarazo y, por consiguiente, el de la vida del ser
humano, diciendo que éste ocurre en la implantación
del nuevo ser humano en el útero de su madre, en vez de la concepción.
Esta estrategia, como veremos más
adelante en el próximo capítulo, es la que emplea el movimiento antivida para
no llamarle “aborto” al efecto anti-implantatorio de la píldora “del día
siguiente” (PDS) o “del día después” (PDD), así como a otros métodos abortivos.
De esa manera, el movimiento abortista promueve dichos métodos en los países
donde todavía el aborto es ilegal, como es el caso de la mayoría de los países
del mundo hispano.
Es necesario, por consiguiente,
abordar el comienzo y el desarrollo de la vida del ser humano en sus primeras
etapas de existencia con todo el rigor científico que se requiere, sin
descuidar, al mismo tiempo, que el lenguaje utilizado sea asequible a todos. Al
respecto, es importante señalar que los datos científicos que vamos a aportar sobre este
tema no son nuestras opiniones, sino
la explicación, con un lenguaje más simple, de lo que constituye el consenso de
las más prestigiosas fuentes de la embriología humana del mundo contemporáneo. En
el próximo capítulo, en la respuesta a la pregunta 5, presentamos una lista de
20 de esas fuentes, las cuales el lector podrá consultar a su conveniencia.
2) ¿Cuándo comienza la vida humana?
Hablando estrictamente desde el
punto de vista científico, la pregunta “¿cuándo comienza la vida humana?”, no está bien formulada. La pregunta
correcta es “¿cuándo comienza la vida del
ser humano”? Ahora bien, para responder a esta segunda y auténtica
pregunta, vamos a repasar algunos datos científicos acerca del comienzo de la vida de un nuevo ser humano.
Todo organismo vivo tiene una
calidad específica y un número específico de cromosomas, que distingue a cada miembro de una especie de las
demás especies [1]. Los cromosomas son estructuras parecidas a hilos, que se encuentran
en cada núcleo de cada célula y que portan los genes. Los genes son las
unidades básicas que, a su vez, contienen los rasgos hereditarios de ese
organismo vivo [2]. En el caso de los seres humanos, cada célula somática, es decir, cada célula del cuerpo, contiene 46 cromosomas [1].
Sin embargo, también hay unas
células humanas que solamente tienen 23 cromosomas. Esas células son los espermatozoides del hombre. Los
espermatozoides son células germinales
ya maduras [3]. Se les llama
“germinales”, porque tienen la capacidad de hacer “germinar”, o dicho más
correctamente, de engendrar a un nuevo ser humano, como explicaremos más abajo.
La mujer también tiene unas
células germinales, que cuando ya han
madurado se llaman ovocitos [3].
Los ovocitos, a diferencia de los espermatozoides, tienen 46 cromosomas [3].
Sin embargo, como veremos en breve, llega un momento en que el número de
cromosomas del ovocito se reduce a la mitad, quedándose también en 23, al igual
que los espermatozoides.
Las células germinales primitivas del hombre y de la mujer,
respectivamente, pasan por un proceso de maduración que se llama gametogénesis. La gametogénesis es,
pues, el proceso de “génesis”, es decir, de surgimiento, o más exactamente, de maduración de las células germinales
primitivas del hombre y la mujer, respectivamente, y cuyo resultado es la formación de unas células germinales ya maduras [3], que se llaman gametos [4]. El gameto masculino se
llama precisamente espermatozoide y
el gameto femenino se llama ovocito.
Cuando el espermatozoide y el ovocito se unen, es
decir, cuando se da lo que normalmente llamamos “concepción”, pero cuyo nombre
más exacto es fertilización, ocurre
algo muy radical desde la perspectiva biológica. En el acto conyugal, el esposo
deposita en la esposa unos 300 millones de espermatozoides, pero sólo uno llega
a las trompas de Falopio de la esposa [5]. Si en ese momento se encuentra con
un ovocito, que ha sido previamente liberado por uno de los dos ovarios de la esposa
[6], entonces el espermatozoide lo fecunda o fertiliza, para dar comienzo a la
existencia de un nuevo ser humano, el cual, en esa primerísima etapa, está
compuesto de una sola célula y se llama cigoto
[3,7]. En ese mismo proceso de la fertilización es cuando el ovocito pierde 23 de sus cromosomas y se queda con los otros 23, que al unirse a
los 23 del espermatozoide completan los
46 característicos de la especie humana [1].
Vamos a precisar más aún lo que hemos dicho. Los
gametos (el espermatozoide del padre y el ovocito de la madre) dejan de ser lo que eran, para unirse y
dar comienzo a la existencia de un nuevo
y único ser humano viviente, que tiene los
46 cromosomas que lo identifican como un miembro de la especie humana.
Antes de la fertilización, cada uno de los gametos, el espermatozoide y el
ovocito, eran simplemente células que poseían vida humana, es decir, eran
células humanas vivas. Pero, a partir de ese singular evento de la
fertilización, es decir, de la unión del espermatozoide y del ovocito en una de
las dos trompas de Falopio de la madre [5], ya no tenemos simplemente una “vida
humana”, sino un nuevo ser humano
viviente, radicalmente distinto, desde el punto de vista biológico, del
espermatozoide y del ovocito. Al respecto, los especialistas en embriología
humana Moore y Persaud nos enseñan lo siguiente: “El cigoto es la célula que resulta de la unión de un ovocito y un
espermatozoide. El cigoto es el comienzo
de un nuevo ser humano (es decir, el embrión)” [7].
Por ello es que comenzamos la respuesta a la
pregunta formulada arriba de “¿cuándo comienza la vida humana?” reformulando
dicha pregunta en “¿cuándo comienza la
vida del ser humano?” Y la respuesta a esta segunda y auténtica pregunta es
que la vida del ser humano usualmente comienza
en la concepción, o más exactamente aún, en la fertilización, es decir, en la unión del espermatozoide y del
ovocito.
La razón por la cual decimos que la vida del ser
humano usualmente comienza en la
fertilización, es porque, aunque en la inmensa mayoría de los casos es ahí
donde comienza la vida del ser humano, hay casos excepcionales, como la
gemelación (cuando surgen los gemelos), donde la vida del ser humano comienza
de otra manera. De ello trataremos más adelante. Pero el asunto fundamental
aquí es que la fertilización es definitivamente el momento en que comienza la
vida de la mayoría de los seres humanos y que tanto éstos, como aquellos cuya
vida comenzó de otra manera, portan los 46 cromosomas que los identifican como
miembros de la especie humana.
A continuación, vamos a profundizar más aún nuestro
entendimiento del carácter único del nuevo ser humano que surge a partir de la
fertilización.
3) ¿Qué ocurre en la fertilización e inmediatamente
después?
La fertilización es un proceso que comienza cuando un
espermatozoide hace contacto con un ovocito, y termina cuando los cromosomas
maternos y paternos se mezclan, dando como resultado una célula que se llama cigoto. El cigoto ya es un ser humano viviente, que tiene los 46 cromosomas que
distinguen a los miembros de la especie humana de cualquier otra especie [7,8].
Inmediatamente después de completada la
fertilización, el cigoto produce proteínas (los constituyentes esenciales de
todas las células vivas) y enzimas específicamente
humanas [9]. Las enzimas son “proteínas que actúan como catalíticos en
reacciones químicas vitales” [10]. Una vez completada la fertilización, el
cigoto comienza a dirigir
genéticamente su propio crecimiento y desarrollo; y no su madre [11].
Esto último demuestra una vez más que el nuevo ser
humano es un organismo biológica e individualmente vivo, distinto de la madre e
intrínsecamente independiente de ella
(aunque no externamente, claro, como lo son también los niños pequeños). Es un
miembro único e irrepetible de la especie humana. No se trata de una “una vida
humana potencial”, sino de un ser humano
con mucho potencial (si lo dejan seguir viviendo). El especialista en
embriología humana, William Larsen, haciéndose eco de sus muchos otros colegas,
lo expresa certeramente diciendo: “Comenzamos nuestra descripción del ser
humano en desarrollo con la formación y la diferenciación de las células
sexuales masculinas y femeninas o gametos, las cuales se unirán en la
fertilización, para iniciar el desarrollo embrionario de un nuevo individuo” [12].
Por otro lado, el espermatozoide y
el ovocito, separadamente, no pueden convertirse, por sí mismos, en seres
humanos. De hecho, en el caso del ovocito, si éste no es fecundado por el
espermatozoide, sólo vive un promedio de doce horas [5] y los demás
espermatozoides que no lograron fecundar al ovocito mueren en menos de 72 horas
[13]. Además, tanto el ovocito como el espermatozoide solamente producen
proteínas y enzimas propias de los gametos. Tampoco dirigen su propio
crecimiento y desarrollo. En fin, no son individuos, es decir, no son miembros
de la especie humana; sino sólo partes
de un ser humano [1]. De nuevo, los gametos poseen
vida humana, porque pertenecen a un ser humano; mientras que el cigoto es ya un ser humano.
Hay otros elementos de capital
importancia que debemos señalar en relación con la fertilización. Pero los
vamos a dejar para cuando respondamos a las objeciones que se han presentado
contra el carácter de ser humano del embrión.
4) ¿Cuáles son las otras etapas del desarrollo del
embrión humano?
Al hablar de las otras etapas
importantes en el desarrollo del embrión humano, debemos aclarar que el término
científico de embrión es el que
usualmente se utiliza, para referirse al ser humano desde la fertilización
hasta el final de la octava semana de la gestación. A partir del comienzo de la
novena semana hasta el parto, el término científico que usualmente se usa para
referirse al ser humano no nacido es el de feto
[14].
Sin embargo, a pesar de que
usualmente se le llama “embrión” al ser humano desde la fertilización hasta el
final de la octava semana, también se utilizan otros términos científicos para
referirse a ciertas etapas importantes del desarrollo del ser humano durante su
fase embrionaria. Como ya hemos señalado, se le llama cigoto al ser humano en la primerísima etapa de su vida, es decir,
en su mismo comienzo, cuando está constituido por una sola célula, apenas
completada la fertilización y como resultado de ella [7].
Una vez que surge el cigoto, éste no se convierte en otra cosa, sino que
simplemente continúa creciendo y desarrollándose. De hecho, comienza un
proceso que se llama mitosis. Este
proceso es el de la división celular. Es decir, el cigoto se divide en dos
células, luego en tres y luego en cuatro –y a partir de ahí se divide en
múltiplos de dos: seis, ocho, diez, etc. [15]. A los cuatro días de concebido,
cuando el embrión ya tiene doce células, se le llama mórula [16].
De cinco a siete días de concebido,
el embrión recibe el nombre científico de blastocisto
[16]. Durante esos días, el embrión, que ha estado
moviéndose a través de la trompa de Falopio donde fue concebido, llega y se implanta en el útero de su madre, donde
permanecerá, creciendo y desarrollándose, hasta que nazca [14]. Es interesante
y maravilloso constatar que, antes de su implantación, el embrión le envía
señales hormonales al endometrio (que
es la membrana que cubre el útero) [17], para indicarle que se prepare para la implantación y el endometrio le responde
también hormonalmente [18]. Es como si el embrión le dijera a su madre: “¡Ya
estoy aquí! ¡Por favor, prepárame una cunita!” Y la madre le responde: “¡Ven,
hijito (o hijita), y acomódate aquí!”.
Las hormonas son “sustancias químicas naturales del cuerpo que producen
o estimulan la actividad de un órgano” [19]. Por ejemplo, la progesterona, que es una hormona
segregada por los ovarios de la mujer [20], tiene por finalidad preparar el
endometrio para la implantación y luego sostener el embarazo [21].
5) ¿Cuáles son las principales objeciones contra el
hecho de que el embrión es un ser humano?
Como ya hemos señalado, los
especialistas en embriología humana nos enseñan que la vida del ser humano no
nacido se divide en dos grandes etapas, cuyos términos correctos son: embrión
(desde su concepción hasta el final de la octava semana) y feto (desde el
comienzo de la novena semana hasta el nacimiento). Por consiguiente, las
principales objeciones contra el hecho de que el embrión humano desde su
concepción en adelante es un ser humano, que vamos a presentar y a refutar en
esta sección, son las siguientes [1]:
-- El embrión no es un ser humano
porque no luce como un ser humano.
-- El “embrión” es simplemente un
conjunto de células, una masa de tejido.
-- El embrión y el embarazo en
realidad comienzan en la implantación.
-- El “embrión” en realidad no es
un embrión hasta el día 14, sino sólo un “pre-embrión”.
-- No puede haber ser humano hasta
la aparición del cerebro en la octava semana.
Después presentaremos sumariamente
las etapas del desarrollo del ser humano en su fase fetal.
6) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el
embrión no es un ser humano porque no luce como tal?
Si esta objeción se limitara
solamente a lo que aparenta ser, se trataría de un argumento muy tonto,
superficial y supremamente ridículo. Sin embargo, en esta objeción se esconde
un argumento contra el estatuto de ser humano del embrión que, aunque también
falso, es más peligroso de lo que pensamos.
Lo que en realidad esta objeción
está planteando es que, como el embrión no luce como un ser humano más
desarrollado (bebé recién nacido, niño, adulto, etc.), no es un ser humano,
porque en ese proceso de desarrollo, según este argumento, hay cambios en el ser mismo de ese ser hasta que se convierte en ser
humano. Es decir, para los que promueven esta objeción, las etapas del
desarrollo del embrión, al no “lucir éste como un ser humano”, indican saltos evolutivos en el estatuto biológico
del ser que se está gestando.
Sin embargo, este argumento es
totalmente falso desde el punto de vista biológico. Como ya hemos indicado,
basándonos en los especialistas en embriología humana, las etapas del
desarrollo del embrión humano no significan para nada aumentos en su calidad de ser hasta alcanzar el estatuto de ser humano,
sino solamente etapas en las cuales crecen y se manifiestan cada vez más las
características propias del ser humano.
En realidad la objeción no toma en
cuenta que el desarrollo del ser humano, desde su concepción en adelante, es un
desarrollo contínuo y homogéneo. Es
decir, es un desarrollo en el que, desde su comienzo en la concepción, ya es un ser humano que simplemente crece y
se desarrolla, pero cuyo crecimiento y desarrollo no añaden nada de humanidad a ese ser, porque ya la tiene, sino
sólo tamaño y desarrollo de sus distintos órganos y partes.
¿Cómo podemos demostrar esto que
acabamos de afirmar? Muy sencillamente. La respuesta está en lo que ocurre en
la fertilización, que ya hemos señalado arriba. Una vez completada la
fertilización, el ser que resulta de ella, el cigoto, ya tiene los 46
cromosomas que lo distinguen como otro miembro más de la raza humana [1].
Pero ello no es todo. Dijimos
arriba que había otros aspectos de capital importancia de la fertilización que
íbamos a abordar cuando enfrentáramos las objeciones contra el carácter de ser
humano del embrión. Pues bien, uno de esos otros aspectos es que, una vez
completada la fertilización y precisamente porque el cigoto ya tiene los 46
cromosomas propios del ser humano, ese cigoto posee toda la información genética que determinan sus características
corporales, no sólo como un miembro más de la especie humana, sino como un
individuo único e irrepetible de ella. En efecto, ya habíamos dicho que en
los cromosomas se encuentran los genes, los cuales a su vez portan los rasgos
hereditarios propios de cada ser humano individual. Esos rasgos son aportados
por los 23 cromosomas de la madre y los 23 del padre [1,2].
El cigoto, pues, tiene una
configuración genética (el genotipo) única y distinta del padre y de la madre,
que determina su sexo, su tipo de sangre, su tamaño, el color de la piel, etc.,
etc. Todo lo que ese ser humano es en ese momento y todo lo que luego, con su
desarrollo, va a ir manifestando, está
programado en esa primera célula, que llamamos cigoto y que es ya un ser
humano. Sólo va a necesitar tiempo, alimentación y un ambiente adecuado para su
crecimiento y desarrollo [1,2,14].
El caso del sexo del cigoto o
embrión es particularmente significativo. El padre del embrión es el que
determina el sexo de este último. Ello se debe a que de los 23 cromosomas que
aporta el espermatozoide, 22 son autosomas (= los cromosomas que no son ni
masculinos ni femeninos [22]) y 1 es un cromosoma masculino (llamado Y) o
femenino (llamado X); mientras que de los 23 cromosomas que aporta el ovocito
de la madre, 22 son autosomas y 1 es siempre
X. De manera que al unirse los 23 pares de cromosomas en la fertilización,
dando como resultado el total de 46, el cigoto tiene 22 pares de autosomas, y
un par de cromosomas unidos compuestos de XX (niña) o de XY (niño) [23].
Hay, sin embargo, otro aspecto de
esta misma objeción, que también debemos responder. Este otro aspecto podría
presentarse de la siguiente manera: “Algunas etapas tempranas del desarrollo
del embrión humano y del feto, como, por ejemplo, durante la formación de las
ancestrales agallas o colas de los peces, demuestran que no es todavía un ser
humano, sino sólo que está en proceso de llegar a serlo. Se trata simplemente
de una ‘recapitulación’ de la evolución histórica de todas las especies” [24].
A este fantasioso “argumento”
respondemos simplemente citando a O’Rahilly y a Müller, dos de las
más destacadas autoridades, a nivel mundial, del campo de la embriología
humana:
“La teoría que dice que las
sucesivas etapas del desarrollo del individuo (ontogénesis) ‘recapitulan’ o
corresponden a sucesivos ancestros adultos en la línea de una descendencia
evolutiva (filogénesis), se hizo popular en el siglo XIX como la mal llamada
ley biogenética. Esta teoría de la recapitulación, sin embargo, ha tenido una
‘lamentable influencia en el progreso de la embriología’ [aquí O’Rahilly y Müller están citando
a de Beer, otro especialista en la materia] ... Además, durante su desarrollo,
un animal se aparta cada vez más de la forma de otros animales. De hecho, las
primeras etapas del desarrollo de un animal no son como las etapas adultas de
otras formas, sino que se parecen solamente a las primeras etapas de esos
animales” [25].
En conclusión, podemos afirmar de
forma inequívoca y categórica que el embrión humano o el feto en desarrollo no
es un “pez” o una “rana”, sino un ser humano [26].
7) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el
embrión no es un ser humano, porque es simplemente “un conjunto de células” o
“una masa de tejido” y que es “parte de la madre”?
Volvamos a explorar lo que ocurre
en la fertilización y en las implicaciones de ello para el desarrollo ulterior
del embrión humano. Ya hemos señalado que, una vez completada la fertilización,
el cigoto que resulta de ella tiene una composición genética que le es propia y
que es distinta del padre y de la madre, aunque proviene de ambos. Hemos dicho
también, que en esa estructura genética está programado todo lo que es y desarrollará ese embrión humano. Ahora queremos
añadir algo que en realidad ya dijimos, pero que aquí cobra una importancia
especial. Dijimos que el embrión dirige
su propio crecimiento [11]. Esta dirección está impartida en la
programación genética que se encuentra en el cigoto como resultado de la
fertilización.
Vamos a explicar esto un poquito
más. Hemos dicho que en cada célula del cuerpo humano hay 23 pares de
cromosomas. Esos 23 pares de cromosomas son como unos hilos enrollados muy
apretadamente que juntos forman un hilo grande, que si se desenrrollara mediría
como un metro de largo. Ese “hilo grande” es una molécula de ADN (= Ácido
Desoxiribo Nucleico), sin embargo, ¡la cantidad de materia que contiene es
equivalente a la de dos aspirinas! Con todo, la importancia del ADN es capital,
pues contiene la codificación genética que es única para cada persona [27]. Tan
así es, que actualmente se utiliza el ADN para identificar, por ejemplo, los
restos de personas que han muerto en la guerra [28].
El ADN contiene el lenguaje de la
vida, o mejor aún, “la sinfonía de la vida”, como ha dicho elocuentemente el
eminente especialista en genética y el que descubrió la causa del Síndrome de
Down, el ya difunto Dr. Jerome Lejeune [29]. Es decir, en el ADN de esa primera
célula (el cigoto) que es ya el ser humano, están contenidos todos los
“mensajes”, que luego irán manifestándose e “instruyendo” a ese organismo
respecto de qué tiene que desarrollar, etc. Ello implica también que las
células que componen al embrión en sus primerísimas etapas de desarrollo se comunican entre sí [30]. Es decir,
forman un todo sincronizado. No son
simplemente “un puñado de células” ni tampoco son “parte de la madre”, como
algunos pretenden hacernos creer.
8) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el
embrión y el embarazo comienzan en la implantación y no en la fertilización?
Esta objeción la vamos a responder
en detalle en el próximo capítulo, concretamente en la respuesta a la pregunta
5 del mismo.
9) ¿Qué podemos responder a los que dicen que el
“embrión” en realidad no es un embrión hasta el día 14, sino sólo un
“pre-embrión”?
El falso y anti-científico término
de “pre-embrión” y el también falso argumento que lo acompaña, probablemente
han hecho más daño al respeto debido a la vida humana en sus primerísimas
etapas, así como a la ciencia misma de la embriología humana, que todas las
demás objeciones que hemos presentado. Desde que este término fue inventado, a
finales de los años 70, ha servido de base falsamente considerada “científica”,
para justificar toda la gama que existe de experimentos destructores de
embriones humanos, así como de las técnicas de reproducción asistida que
implican la muerte de estos pequeños seres humanos, como la fecundación in
vitro [31].
El argumento del “pre-embrión”
dice que aunque el “producto” de la fertilización es genéticamente humano, no
es todavía “un individuo en desarrollo” y, por lo tanto, no es un embrión, sino
un “pre-embrión”. En otras palabras, para lograr el estatuto de ser humano es
necesario lograr primero “la individualidad de desarrollo” [32]. Resumiendo,
los que proponen este argumento están diciendo que el embrión hasta el día 14
(desde la fertilización) no es un ser humano individual.
El argumento consiste en decir que
como las células del embrión antes del día 14 son totipotentes --es decir, cada una de ellas por separado se podría
convertir en un individuo--, entonces no tenemos todavía un ser humano individual en esta etapa, porque,
incluso, puede ocurrir la gemelación [33]. Hay que aclarar que la importancia
que este argumento le da al día 14, radica en el hecho de que poco antes de ese
día (el día 12) es que se forma la estría
primitiva [34]. La estría primitiva es una banda de color oscuro que marca
el futuro áxis longitudinal del embrión [35].
Este argumento es simplemente un
disparate desde el punto de vista de la embriología humana. La gemelación puede
ocurrir después del día 14, como es
el caso de los gemelos siameses [36].
En realidad, ¿qué importa que las
células del embrión humano en esa etapa sean totipotentes? Ya hemos señalado
que éstas se comunican entre sí. Si el “mensaje” enviado desde la fertilización
es que la gemelación va a ocurrir, ¿acaso no debemos respetar más aún a los dos seres humanos que hay presentes
en esas células? ¿Y qué hay de los otros casos (que son la inmensa mayoría), en
los que no se da la gemelación, no
son acaso seres humanos individuales?
El especialista en genética de
origen italiano, Angelo Serra, lo explica muy certeramente al referirse al caso
de los gemelos monocigóticos, es decir, de los gemelos que surgen de un solo
cigoto en sus primeros días de vida: “Si, por la intervención de factores
todavía no precisados, una parte de él –una célula o un grupo de células—se
divide o se separa y consigue continuar su propio desarrollo, el hecho de que
resulten dos individuos no demuestra en absoluto que en el embrión original
esté ausente aquella unidad en la totalidad que consituye el individuo” [37].
Lo que esto significa es que, en
casos excepcionales, el comienzo de la vida de un ser humano (el gemelo que se
separó), se puede dar en ese momento de la gemelación, en vez de en la
concepción. Por ello, hay que precisar, como ya habíamos anticipado más arriba,
que la vida del ser humano usualmente
comienza en la fertilización, porque hay casos poco comunes, pero que suceden
(la gemelación), en que dicha vida comienza un poquito después [38].
Serra también se expresa muy certeramente
respecto de la aparición de la estría primitiva, diciendo que ésta “representa
el punto de llegada de un proceso ordenado en sus mínimas consecuencias... que
se ha iniciado en el momento en que se formó el cigoto” [37]. En otras
palabras, lo que este eminente científico italiano está diciendo corrobora lo
que ya habíamos afirmado anteriormente, a saber, que en la fertilización se
programó todo lo que luego se va a
desarrollar y manifestar (incluyendo la estría primitiva) en la vida del
embrión humano, “sin ninguna discontinuidad ... con una actividad intrínseca,
un diseño proyectado y programado en su mismo genotipo” [37].
Francamente, todo este argumento
del dichoso “pre-embrión” no es otra cosa que un mito sin fundamento científico
alguno. Volvamos a citar a O’Rahilly, quien es miembro de la directiva
internacional de la Norma Embryologica, la entidad que determina los términos
científicos correctos a ser usados en los textos de embriología humana de todo
el mundo: “El mal definido e inexacto término de ‘pre-embrión’ ... Ese término
no es usado en este libro” [39]. El emimente científico Jerome Lejeune también
descarta este término diciendo: “No hay ninguna necesidad de una sub-clase que
se llame ‘pre-embrión’. Antes del embrión lo que hay es un espermatozoide y un
ovocito, eso es todo” [40]. El “pre-embrión” simplemente no existe, excepto en
la mente de aquellos que lo han inventado.
10) ¿Qué podemos responder a los que dicen que no puede
haber un ser humano hasta la octava semana, cuando aparece el cerebro?
Esta objeción intenta fundarse en
la clásica definición filosófica de la persona humana como “una sustancia
individual de naturaleza racional”
[41]. Esta definición ha influido mucho en el pensamiento occidental, desde por
lo menos la Edad Media hasta nuestro días [42].
Sin embargo, aunque la definición
en sí misma es correcta (aunque limitada), los que intentan utilzarla para
descartar la naturaleza de ser humano del embrión hasta la aparición del
cerebro funcional, se equivocan rotundamente. Y dicha equivocación se da tanto
a nivel biológico como filosófico.
A nivel biológico, tenemos que
constatar, como dice Serra, que en el desarrollo del embrión humano “se da una
intensísima vida de relación entre células, tejidos y órganos, mantenida por un
continuo, intenso, ordenado y coordinado aumento de células nerviosas [ya] entre la cuarta y sexta semana, cuando
aparece el tubo neural, se forman las vesículas cerebrales, empienzan a
organizarse los nervios cerebrales y se dan las primeras manifestaciones
morfológicas de la corteza cerebral” [43]. Es decir, en primer lugar, las bases
del sistema nervioso y del cerebro se empiezan a establecer ya desde mucho
antes que la octava semana, como nos acaba de señalar Serra.
Pero dejemos que el científico
italiano nos siga ilustrando sobre esta fase del maravilloso desarrollo del
embrión humano: “Nos encontramos [en la octava semana] no ante una fase
terminal de un proceso dinámico vital donde se inicia la desintegración del individuo.
Al contrario, estamos en presencia de un proceso unitario y unificante de todas
las partes que van apareciendo paulatinamente: es el sujeto humano en
desarrollo que, por la ley ontogenética, exige una diferenciación gradual, y
por tanto también la gradual formación de las estructuras cerebrales. Es una gradualidad que no supone saltos
cualitativos, sino sólo crecimiento de expresión de las potencialidades ya
inscritas en el cigoto” [43].
Lo que Serra está diciendo, y que
en realidad ya hemos dicho al responder a la objeción anterior, es que en el
cigoto ya está contenido de forma programática, es decir, en su genotipo o
composición genética, todo lo que ese
ser humano es e irá desarrollando y manifestando con el tiempo, incluyendo la
aparición gradual del cerebro. Cuando Serra habla de la “ley ontogenética”, se
está refiriendo a lo que dice un poquito después, cuando afirma que el
desarrollo del embrión se caracteriza por una “gradualidad que no supone saltos
cualitativos, sino sólo crecimiento de expresión de las potencialidades ya
inscritas en el cigoto”. Ello quiere decir que el embrión humano se va
desarrollando sin que cambie o aumente su ser hasta convertirse en ser humano,
sino que, dentro de ese desarrollo, sigue
siendo lo que ya es desde su etapa de cigoto: un ser humano. De manera que “ontogénesis” simplemente significa el desarrollo
de un ser sin cambios en cuanto a su estatuto de ser lo que ya es.
Esta última constatación, que
proviene del dato biológico, sirve también para responder al segundo aspecto de
la objeción: el aspecto filosófico. No es el propósito de esta obra, ni tampoco
tenemos el espacio, para adentrarnos en la cuestión filosófica del estatuto de
persona humana. Dejamos esa importante cuestión a la amplia bibliografía que
existe sobre el tema [44]. Simplemente queremos señalar que la naturaleza racional del embrión humano
ya está presente en el cigoto, por cuanto en él ya está programada la aparición
de su cerebro, que es el órgano que nos hace capaces, a los seres humanos, de
la actividad racional.
En esto último, hay que señalar
algo muy importante. La definición clásica de persona humana, en la cual
intenta falsamente basarse la objeción que estamos refutando, no habla de una actividad racional, sino de una naturaleza racional. Es decir, el ser de la persona humana tiene la
capacitad inherente para desempeñar
la función racional. Pero esa capacidad puede estar temporal o permanentemente
impedida, por factores como el propio crecimiento, la enfermedad, la vejez o
las lesiones causadas por accidentes. De otro modo, caeríamos en el peligroso y
absurdo argumento de decir que tampoco los recién nacidos, los niños muy
pequeños, las personas con limitaciones mentales, las personas en estado
comatoso, los enfermos de Alzheimer y los ancianos en estado de senilidad, no
son personas o seres humanos, es decir, miembros de la especie humana, porque
no pueden desempeñar una actividad racional. Incluso, ¡tendríamos que negarle
el estatuto de ser humano a las personas cuando están durmiendo!
Hay algunos que hasta llegan a
decir el sin sentido de que el embrión es un ser humano, pero no una persona humana. A esos tales podemos
reponderles con la siguiente pregunta: ¿Acaso puede haber una ser humano, es
decir, un miembro de la especie humana, que no sea una persona? ¿Y quiénes van
a determinar, de todos los seres humanos que existen, quiénes son personas y
quiénes no? Esa es una postura, además de falaz, muy peligrosa y egoísta, que
sirve (y de hecho, ha servido), para justificar toda clase de atropellos contra
los derechos humanos.
11) ¿Cuál sería un breve resumen de las principales
etapas del desarrollo del embrión humano?
A continuación vamos a resumir brevemente
todo lo que hemos dicho acerca del desarrollo del embrión humano. Añadiremos
algunos otros datos importantes de esta fase embrionaria, la cual, como ya
hemos señalado, va desde el comienzo de la vida del ser humano en la
fertilización (la unión del ovocito y del espermatozoide), hasta el final de la
octava semana:
-- Cigoto: el embrión humano de un
sola célula que resulta de la fertilización, la cual marca el comienzo de la
vida del ser humano.
-- Mórula: el embrión humano de
doce células, a los cuatro días de la fertilización.
-- Blastocisto: el embrión humano
a los 5 ó 7 días de la fertilización, cuando está en proceso de implantarse en
el útero de su madre. El proceso de la implantación puede durar hasta el 90
día después de la fertilización. En esa etapa, el embrión humano ya tiene 256
células [45].
-- A los 14 días (dos semanas) de
concebido, el período menstrual de la madre es suprimido por medio de señales
químicas emitidas por el propio embrión humano. En esta etapa ya se han
completado las primeras células del cerebro [45].
-- A los 20 días (3 semanas), el corazón del embrión ya se encuentra
en sus etapas avanzadas de desarrollo. Los ojos comienzan a formarse. El
cerebro, la espina dorsal y el sistema nervioso están virtualmente completos
[45].
-- A los 24 días (3 semanas y
media), el corazón del embrión ya comienza
a latir [45].
-- A los 28 días (4 semanas o 1
mes), los músculos del embrión se están desarrollando. Ya se pueden observar
las protuberancias que se desarrollarán en las extremidades. Aparecen las
primeras células neocórticas. La neocorteza es la sede del pensamiento y del
raciocinio en todas sus complejidades, no se encuentran presentes en ningún
otro mamífero. Para esta etapa, el tamaño del embrión ha aumentado 10 mil
veces. Ahora mide 6 ó 7 milímetros (= ¼ de pulgada) de largo. La sangre fluye a
través de sus venas, separadamente de la de su madre [45].
-- A los 35 días (5 semanas), se
está formando la glándula pituitaria [46]. La boca, los orejas y la nariz van
tomando forma [45].
-- A los 42 días (6 semanas o mes
y medio), el embrión tiene ondas cerebrales, que pueden ser medidas con un
electroencefalograma [46].
-- A los 49 días (7 semanas), el
embrión “nada libremente en el saco amniótico como un nadador natural” [47].
-- A las 8 semanas, todos los
órganos están presentes, completos y funcionando, excepto los pulmones.
Responde al estímulo que se le proporcione al saco amniótico [45]. Comienza a
tragar el líquido amniótico [48].
12) ¿Por qué es necesario volver a tratar, aunque sea
resumidamente, las otras etapas del desarrollo del niño no nacido?
Volveremos a incluir, aunque con
los necesarios retoques, las otras etapas del desarrollo del ser humano no
nacido (desde que es un feto) hasta su nacimiento. Ello es necesario por dos
razones.
La primera de ellas es que el
movimiento antivida continúa promoviendo, como nunca antes, la legalización del
aborto quirúrgico en América Latina. Por ejemplo, ya muchos conocen la tragedia
de Colombia, país cuyas leyes defendían al ser humano no nacido en toda
circunstancia, pero donde, sin embargo, la Corte Constitucional, el 10 de mayo
del 2006, sentenció a favor de la despenalización de este crimen en ciertos
casos [48].
La segunda razón es que ese mismo
movimiento ativida está recrudeciendo aún más la práctica del aborto quirúrgico
donde éste ya es legal. En España, por ejemplo, donde el aborto quirúrgico,
desgraciadamente, es legal, los aborteros han comenzado a matar bebitos no
nacidos de más de siete meses de gestación [49].
Por consiguiente, es necesario
insistir una vez más en la maravilla de la vida y del desarrollo del ser humano
no nacido en todas sus etapas. Dejaremos para el capítulo 7 el tema de los
principales argumentos y estrategias abortistas, así como sus correspondientes
refutaciones.
13) ¿Cuál sería un breve resumen
de las principales etapas del desarrollo del niño no nacido en su fase fetal?
Continuamos presentando las etapas principales del
desarrollo del ser humano no nacido, ahora en su fase fetal, que va desde el
comienzo de la novena semana hasta su nacimiento.
-- A las nueves semanas, debido al uso extendido de la
ecografía, sus padres u otras personas pueden ver al bebé no nacido moviéndose
en el vientre materno [50].
-- Entre las 10 y 11 semanas, el bebé puede “respirar”
el líquido amniótico y puede orinar [51]. También puede agarrar objetos con sus
manos [52]. A las 11 semanas, sus pies están perfectamente formados. Ya tiene
uñas, párpados y huellas dactilares [53]. A partir de esta edad, solamente le
falta crecer y madurar sus órganos, todos los cuales ya están presentes y
funcionando. Ya tiene una estructura de esqueleto, nervios y circulación [54].
-- A las 12 semanas, el bebé ya ha desarrollado las
partes del cuerpo que hacen posible el
sentir dolor, incluyendo todos los nervios, la médula espinal y el tálamo
[55].
-- A las 13 semanas, la expresión facial del bebé no
nacido se parece a la de sus padres. Sus movimientos son vigorosos y elegantes.
Sus cuerdas vocales ya están presentes y, en casos excepcionales, cuando ha
entrado aire temporalmente al útero, se le ha escuchado llorar. Su sentido
auditivo ya está presente también [45].
-- A los 4 meses, la madre puede que sienta por primera
vez los movimientos del bebé dentro de ella. Los movimientos rápidos de los
ojos del feto, los cuales se pueden grabar, indican que está soñando. Si se
hace brillar una luz muy intensa sobre el abdomen de la madre, el bebé moverá
lentamente sus brazos para cubrirse los ojos. La música muy ruidosa causará que
se cubra los oídos. Las conexiones entre la neocorteza y los músculos que la
controlan comienzan a aparecer [45].
-- A los 5 meses, el bebé ha formado sus propios
hábitos de dormir y un ruido muy elevado, como un portazo, puede asustarlo. Una
melodía suave puede adormecerlo [45].
-- A los 6 meses o 24 semanas, el bebé ya pesa 640
gramos (unas 22 onzas) y mide
aproximadamente 23 centímetros (unas 9 pulgadas). La
mayoría de los bebés no nacidos a esta edad son viables, es decir, pueden
sobrevivir fuera de su madre con la tecnología médica disponible [45]. Aunque,
a decir verdad, la medicina avanza cada día más y, por lo tanto, la frontera de
la viabilidad es cada vez más temprana. Por ejemplo, tenemos el caso de Kenya
King, una bebé que nació a las 19 semanas (un poco más de los 4 meses y medio).
Pesaba solamente un poco más de unos 375 gramos (18 onzas), cuando nació en el
Estado de la Florida, en EEUU, el 16 de junio de 1985. En muchos países, es
frecuente que la medicina salve a niños no nacidos, que logran nacer a las 21 ó
22 semanas de gestación [56].
-- A los 7 meses, el bebé pesa más de 1 kilogramo (2,2
libras). Abre y cierra los ojos explorando su entorno. Reconoce la voz de su
madre [45].
-- A los 8 meses pesa más de 2 kilogramos (4,4 libras).
Ahora su morada materna se ha congestionado. Si tuviera que nacer en este
momento, su probabilidad de sobrevivir y de ser completamente normal sería de
más del 90% [45].
-- Normalmente a los 9 meses (40 semanas) es que el
bebé está listo o lista para nacer. ¿Estamos listos nosotros para darle la
bienvenida?